A vueltas con la lengua

 

La (no) importancia del error


¿Es absolutamente necesario corregir todos los errores

de los estudiantes de una lengua extranjera?

¿Es aceptable publicar textos escritos que no sean

completamente correctos?


Lingüísticamente hay que diferenciar entre error y falta o equivocación. Se habla de error cuando no se han asimilado aún las estructuras correctas y se habla de falta cuando sí se dominan las estructuras y las reglas de la lengua pero ocurre un lapsus o despiste por cansancio, por cuestiones técnicas, etc. La corrección de los errores obliga a una mayor reflexión, ya que depende del nivel de lengua del sujeto. Es decir, que los errores pertenecen al área de la competencia (según Noam Chomsky) y las faltas al de la ejecución. Por eso, los tipos de errores son diferentes según la competencia del alumno sea inicial, media o avanzada.


La psicología del error


Los profesores y educadores se preocupan mucho por los errores de sus alumnos, puesto que reflejan lo que el alumno aún no sabe o no domina. Sin embargo, desde un punto de vista psicológico, los errores son mucho más que eso: son reflejos de los “experimentos” que el alumno realiza para usar una lengua, para integrar el nuevo sistema lingüístico en su mente junto con el sistema de su lengua materna, para probar y comprobar una y mil veces si una estructura es correcta en esa lengua o no.

La mente del que aprende una lengua es como una gran biblioteca en la que hay que introducir toda una colección de nuevos libros y archivos en los viejos estantes, ordenadores y bases de datos de la lengua materna. Por eso, cuando se han aprendido previamente otra lenguas segundas el sistema está más preparado para “recibir e integrar” una lengua más; es decir, que al hablante de varias lenguas le resulta más fácil aprender una nueva lengua extranjera que al inexperto hablante de su lengua que se enfrenta por primera vez al reto. Volviendo a la consideración del error, al estudiante principiante de una lengua le puede resultar extraño que el profesor le devuelva un texto con un montón de correcciones y, a pesar de eso, le diga que “está muy bien”. El profesional que valora de esta manera está tomando en consideración el proceso de aprendizaje del alumno, sus experimentos de prueba/error, su grado de riesgo, su eficiencia comunicativa más allá de los errores formales, etc.



¿Incidir en el proceso o en el resultado?


Por todo lo anterior, la respuesta ha de ser: los dos. Es preciso incidir en el proceso para saber realmente cuándo el alumno está de verdad progresando en la lengua y cuándo está cómodamente instalado en su nivel de comunicación y, a pesar de entregar buenos trabajos, no está cambiando nada en su gran biblioteca mental. En contrapartida, no hay que olvidar nunca el objetivo de ese trabajo de progresión: incidimos en el proceso para llegar al mejor resultado posible para ese alumno, en ese momento y nivel de su aprendizaje, y considerando las circunstancias de espacio y tiempo que puedan influir.


¿Cómo se llega a ser un escritor competente?


El escritor competente es el que domina el sistema de la lengua  y los recursos escritos para conseguir un determinado fin comunicativo, y eso no necesariamente implica ser también un gran literato. Hay grandes escritores que no han hecho la carrera de Filología, de la misma manera que estudiar Bellas Artes garantiza el dominio de unas técnicas pero no te garantiza llegar a tener un talento especial. Las técnicas del escritor competente pasan siempre por dos premisas básicas: ser capaz de autocorregir y estar dispuesto a reescribir el texto las veces que haga falta para mejorarlo, para experimentar nuevas recursos, para modificar el estilo o el enfoque o para dirigirse a un público diferente.


A hablar se aprende hablando, a escribir se aprende…


Si ya hemos visto que psicológicamente es imprescindible “probar” a comunicar, estilísticamente es igual de necesario estar dispuesto a jugar con la lengua y no dar el texto por finalizado a las primeras de cambio. De la misma manera que el enfoque comunicativo de la enseñanza de lenguas potencia que el alumno hable y practique sin prestar, en principio, excesiva atención a sus errores formales, ¿por qué deberíamos pretender que sólo los alumnos avanzados saben y pueden escribir bien? El enfoque comunicativo aplicado a la escritura requiere también el aprovechamiento de todas las situaciones posibles de comunicación escrita para desarrollar su competencia comunicativa en el registro escrito, tan necesario y extendido hoy en día con las nuevas tecnologías.


Conclusión: la relativa importancia del error


Por todo lo expuesto, sería absurdo considerar “aptos” para buenos escritores sólo a los alumnos con un elevado nivel de competencia gramatical o formal, igual que hay alumnos de niveles principiantes que pueden ser tremendamente comunicativos en medio de un mar de errores.

Desde una perspectiva didáctica y psicológica, el enfoque positivo del error y la consideración en positivo de lo que sí comunica el alumno aportan un objetivo alcanzable (la comunicación escrita a su nivel) y, con él, una motivación indispensable para su progreso.

Pilar Ballester y Mónica Moreno reflexionan sobre

los errores en los textos escritos y sobre

la corrección adecuada a cada nivel lingüístico.