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El debate taurino: ¿un asunto político o de derechos de los animales?


Al comienzo del año, la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre declaró las corridas de toros como un Bien de Interés Cultural (BIC). Este acto ha causado en  personas de todas partes fuertes polémicas por razones políticas. Pero, no es una cuestión de la separación de Cataluña y España; el debate debe ser lo más básico, que es, el maltrato de animales.


Con la decisión de Aguirre viene enseguida el tren de seguidores como  las comunidades de Valencia y Murcia. Cataluña, como siempre, está en medio del lío y las disputas en el Parlamento catalán siguen abiertas. El debate se ha convertido en un problema identitario entre Cataluña y España. Como si no hubiéramos visto esto antes. No toda polémica tiene que relacionarse con la separación de Cataluña y España.


Las corridas de toros son más que un evento cualquiera; son una gran parte de la cultura española. Pero comparar el toreo con el tango argentino es ridículo. Estoy hablando del propósito del nuevo BIC, que es promover que la Unesco declare los toros como ¨patrimonio inmaterial de la humanidad¨ que Aguirre dice que ¨se hizo con el tango argentino¨. El tango y el toreo representan su propia cultura. Pero, el hecho es, que el tango argentino no hace daño a nadie a menos que consideres pisar el pie de tu pareja de baile un daño.


¿Por qué ahora, en 2010, estamos etiquetando el torneo como algo cultural? Ya era cultural cuando Loreo y Hemingway escribieron sus obras. La fiesta de toros no necesita etiquetas culturales, sino protección de los animal.  Ahora, estamos centrándonos en un debate político que empezó con el anuncio inútil de Esperanza Aguirre.  Esta disputa necesita un nuevo foco que es la modernización del toreo manteniendo la importancia cultural. Hay que quitar los elementos crueles como la pica y las banderillas, y desarrollar las corridas de los toros. La tradición tiene que cambiar si un ser sufre y muere. Con esta modernización, Aguirre y Rajoy no necesitarían su argumento fatal: nadie tiene que ir a una corrida de toros si no quiere; no es obligatorio. Un argumento infantil en comparación con el argumento del buen trato a los animales.

A Colleen Larsen le interesa el debate sobre las corridas de toros, que actualmente son el centro de atención de algunos debates políticos.